miércoles, 29 de septiembre de 2010

El tender y sus amantes

Ahora sí estaríamos en condiciones de afirmar que tenía abiertas ganas de volver a verme...

Aunque su visita fue más fugaz que la de aquella vez del incidente del boxer, cuando se marchaba volvió a decirme, en el apuro porque se le iba el ómnibus "bueno, si me dejé algo me lo das la próxima", "ok" pensé y disimuladamente miré a mi alrededor para asegurarme que esta vez no se dejara nada en mi departamento (¡basta de devanear sobre cuestiones psicológicas e ideológicas por actos u omisiones de terceros!).

Unos días más tarde, mientras cambiaba el acolchado...  ¡zas!  la remera vieja (y sucia) con la que había venidooooo...  ¡¿Será posible?!  ¡¿qué se piensa que soy?! ¡¿la lavandería?!  ¿¡o me vio cara de tintorera?! (las etapas del amorrrr...)  Esta vez, me dije, no la lavo, la dejo así, ya veré si se la devuelvo, si la dono a gente necesitada, la prendo fuego, la uso de trapo para limpiar los vidrios o la llevo donde una bruja para hacer un "trabajito" (de "amarre" o de "desligue", hum... qué diyuntiva...) 
Y cayó la noche...  y la cosa ahí tirada...  y me vino una especie de resabio de amor, o más bien, una imagen del amor que habría podido ser (mezclada con mi determinación de no lavarla).  La olí, no me gustó el olor, chivo no, perfume tampoco, humanidad, pero una humanidad sin nombre y la metí bajo la almohada.  Esa noche me dormí del otro lado de la cama, con la cabeza sobre la otra almohada y al día siguiente me fui de viaje.

Cuando volví seguía ahí (la hija de put...) impasible y maloliente.  Hay que ponerle un coto a esta situación, pensé, no voy a estar compartiendo mi sueño con una prenda sucia que ya nada me representa (o que representa lo que no fue y lo que no es) y sobre todo: no me voy a conformar con la compañía de una remera!  Para malas compañías... ya lo dice el dicho y además yo aspiro a más ¡mucho más!

Me bañé con ella en la bañera, esperando que el agua con un poco de shampoo, jabón y crema de enjuague le devolvieran la blancura e inodoridad sin mi esfuerzo; si el agua caliente la encojía: qué me imporrrta, menor superficie ocupada en mi casa. 

Y ahí está, haciéndole compañía al tender agradecido y según el clima

se seca y se moja
se moja y se seca
se hamaca se hamaca
se enrosca y se enrosca...

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