Ya es noche de jueves pre-bicentenario, salgo de mi trabajo frente a la Plaza de Mayo y… guauuu… la Casa Rosada es un resplandor fucsiaaaaaa… se me viene a la mente la canción de Sabina sobre la “Magdalena” que trabaja en un lugar con bombitas de colores sobre la carretera…
El viernes dan asueto por la tarde temprano, el centro está intransitable con todos los preparativos para los festejos, paso por la puerta del edificio de la Jefatura de Gobierno y un pintor está agachado dándole una manito de blanco de última hora, vamos vamos que ya llega el bicentenario, cheee!
Hoy jueves post-bicentenario salgo del trabajo, atravieso la plaza y compruebo lo que oí, han pintado el Cabildo de blanco tan blanco que provoca ponerse lentes de sol, lindo, la verdad que quedó lindo y también está superiluminado como la casa de enfrente, pero al ser luces blancas en este caso no se da el efecto boliche-cabaret.
La contemplación del Cabildo puro y fulgurante me lleva la vista hacia el reloj de la cúpula… no funciona. Entonces miro la cúpula de un edificio vecino que también da hacia la plaza y está iluminada y tiene un hermoso reloj… más cerca de las ocho pero no, tampoco anda, la aguja del segundero está clavada a las doce… más distante veo la cúpula del Concejo Deliberante… chequeo con mi reloj y éste sí anda… bueno, al menos uno… o tal vez dejó de funcionar a las ocho y cinco de quién sabe que día, no sé porque me voy, me meto al subte. Pero antes vuelvo a mirar el Cabildo, esta vez hacia abajo y veo que el señor que siempre duerme con un perro en la puerta del Cabildo no está… ¿con esta revolución decorativa del 2010 lo habrán mudado a una recova menos patriótica?
¿Por qué no arreglaron los relojes de la ciudad? ¿Por qué? Tanta pintura, tantas luces, tanto stand en la 9 de julio, tantos acróbatas, tantos artistas, tantas banderas… ¿y los relojes? A mí me gustan tanto los relojes… ¿Y el señor con su perro? ¿dónde está?
viernes, 28 de mayo de 2010
martes, 18 de mayo de 2010
MOSCAS
Viajaba por primera vez a la provincia de Mendoza, íbamos en avión con una amiga. Como el vuelo era a primera hora de la tarde, mi madre tan amorosa y tan madre me dio un refrigerio para el viaje (no vaya a ser que la nena se le desnutra por pasarse el almuerzo). Acepté el refrigerio y partimos. Durante el vuelo decidí comer la banana y una de las dos mandarinas que me había mandado mi mamá.
Al llegar al aeropuerto de la ciudad de Mendoza, unos agentes oficiales hacían unas preguntas a todos los pasajeros que bajaban del avión. Yo me dije “¿qué estarán controlando si es un vuelo de cabotaje? ¿habrá una aduana interna?” Entonces nos llegó el turno a nosotras, se acercaron y nos preguntaron si llevábamos alguna fruta en el equipaje… Con la sorpresa y vergüenza de un contrabandista novato y pobre, declaré que yo llevaba una mandarina en mi mochila y acto seguido me indicaron que debía depositarla en una caja, explicándome que estaba prohibido ingresar frutas a la provincia de Mendoza, como medida de prevención contra la mosca del Mediterráneo (chupate esa... humm... “indeseable”).
Hoy encontré tres pequeñas moscas ahogadas en dos tazas con restos de café con leche en la bacha de mi cocina.
Me alegré (nunca pude olvidar el embarazoso incidente del aeropuerto de Mendoza).
Hace rato que convivo con un grupo de estas pequeñas criaturas voladoras que, seguramente, vendrán por la fruta que yo insisto en dejar fuera de la heladera.
Se ve que ante la visión de unos tragos de café con leche rebajados con agua, decidieron abandonar las tres manzanas por las que vinieron (desde Europa quizás) a mi departamento y lanzarse –con poca pericia- al dulce y excitante néctar.
Yo me pregunto ¿cómo habrá sido el proceso que las llevó a la muerte? ¿Habrán llegado a disfrutar algunos sorbos antes de sucumbir fatalmente? ¿O habrán perecido instantáneamente en el acuatizaje sobre el líquido? ¿Sabrían ellas de los riesgos que conllevaba semejante deseo irrefrenable?
Algunas todavía sobrevuelan mi cocina ¿se habrán acercado también ellas al café con leche y con mayor destreza habrán evitado el deceso? ¿O habrán permanecido a una prudente distancia observando cómo las más arrojadas se sumían en el deleite y luego en ese mismo deleite se ahogaban para siempre?
Who knows… I wish I could speak to them to share some experiences perhaps…
El caso de las moscas me sorprende porque los animales en general son más inteligentes que las personas a la hora de protegerse de los peligros. ¿Será que están genéticamente más preparados para enfrentarse al medio y/o que su medio es más simple y más predecible que el de los humanos? ¿Será nuestra propia complejidad, nuestro raciocinio “avanzado” el que paradójicamente nos vuelve más vulnerables ante las inclemencias del medio? ¿Por qué nosotros no sabemos reconocer y alejarnos a tiempo de nuestros predadores? ¿Por qué en los manuales de biología no dice que nuestro medio está tan tergiversado que el hombre ha devenido en predador natural del hombre?
Yo por ejemplo, fui atrapada hace un tiempo por un predador de almas... Esta criatura, de apariencia encantadora e iluminada, al toparse con una potencial presa, desarrolla una parafernalia de amor desesperado shakesperiano hasta que la presa totalmente encandilada cede y le entrega su alma sin reparos; así durante un período que puede ir de uno a varios meses, el predador se alimenta de suficiente amor y admiración (indispensables para su supervivencia) y cuando se siente saciado y fortalecido desarma su teatro dejando a su víctima malherida, completamente desorientada y hambrienta.
El asunto es que aún hoy estoy luchando como las torpes apasionadas ilusas y suicidas moscas para sacudirme el café con leche que me empastó las alas y volar...
volar de nuevo...
P.S: ¡Si hasta la doble nacionalidad tengo! Soy tal cual una mosca del Mediterráneo... (salvo que ellas no pueden entrar a Mendoza por el aeropuerto y yo sí) Ahora lo primero que hago cuando vuelvo a casa es meter la fruta en la heladera, no soporto más tanto dolor.
Al llegar al aeropuerto de la ciudad de Mendoza, unos agentes oficiales hacían unas preguntas a todos los pasajeros que bajaban del avión. Yo me dije “¿qué estarán controlando si es un vuelo de cabotaje? ¿habrá una aduana interna?” Entonces nos llegó el turno a nosotras, se acercaron y nos preguntaron si llevábamos alguna fruta en el equipaje… Con la sorpresa y vergüenza de un contrabandista novato y pobre, declaré que yo llevaba una mandarina en mi mochila y acto seguido me indicaron que debía depositarla en una caja, explicándome que estaba prohibido ingresar frutas a la provincia de Mendoza, como medida de prevención contra la mosca del Mediterráneo (chupate esa... humm... “indeseable”).
Hoy encontré tres pequeñas moscas ahogadas en dos tazas con restos de café con leche en la bacha de mi cocina.
Me alegré (nunca pude olvidar el embarazoso incidente del aeropuerto de Mendoza).
Hace rato que convivo con un grupo de estas pequeñas criaturas voladoras que, seguramente, vendrán por la fruta que yo insisto en dejar fuera de la heladera.
Se ve que ante la visión de unos tragos de café con leche rebajados con agua, decidieron abandonar las tres manzanas por las que vinieron (desde Europa quizás) a mi departamento y lanzarse –con poca pericia- al dulce y excitante néctar.
Yo me pregunto ¿cómo habrá sido el proceso que las llevó a la muerte? ¿Habrán llegado a disfrutar algunos sorbos antes de sucumbir fatalmente? ¿O habrán perecido instantáneamente en el acuatizaje sobre el líquido? ¿Sabrían ellas de los riesgos que conllevaba semejante deseo irrefrenable?
Algunas todavía sobrevuelan mi cocina ¿se habrán acercado también ellas al café con leche y con mayor destreza habrán evitado el deceso? ¿O habrán permanecido a una prudente distancia observando cómo las más arrojadas se sumían en el deleite y luego en ese mismo deleite se ahogaban para siempre?
Who knows… I wish I could speak to them to share some experiences perhaps…
El caso de las moscas me sorprende porque los animales en general son más inteligentes que las personas a la hora de protegerse de los peligros. ¿Será que están genéticamente más preparados para enfrentarse al medio y/o que su medio es más simple y más predecible que el de los humanos? ¿Será nuestra propia complejidad, nuestro raciocinio “avanzado” el que paradójicamente nos vuelve más vulnerables ante las inclemencias del medio? ¿Por qué nosotros no sabemos reconocer y alejarnos a tiempo de nuestros predadores? ¿Por qué en los manuales de biología no dice que nuestro medio está tan tergiversado que el hombre ha devenido en predador natural del hombre?
Yo por ejemplo, fui atrapada hace un tiempo por un predador de almas... Esta criatura, de apariencia encantadora e iluminada, al toparse con una potencial presa, desarrolla una parafernalia de amor desesperado shakesperiano hasta que la presa totalmente encandilada cede y le entrega su alma sin reparos; así durante un período que puede ir de uno a varios meses, el predador se alimenta de suficiente amor y admiración (indispensables para su supervivencia) y cuando se siente saciado y fortalecido desarma su teatro dejando a su víctima malherida, completamente desorientada y hambrienta.
El asunto es que aún hoy estoy luchando como las torpes apasionadas ilusas y suicidas moscas para sacudirme el café con leche que me empastó las alas y volar...
volar de nuevo...
P.S: ¡Si hasta la doble nacionalidad tengo! Soy tal cual una mosca del Mediterráneo... (salvo que ellas no pueden entrar a Mendoza por el aeropuerto y yo sí) Ahora lo primero que hago cuando vuelvo a casa es meter la fruta en la heladera, no soporto más tanto dolor.
miércoles, 5 de mayo de 2010
HOY: Capelettini al aceite de oliva
Y bueno… me sigo comiendo los capelettini… qué va a ser… me cerraron todos los deliveries otra vez… y ya no tiene sentido seguir guardándolos… los capelettini que compré hará un mes, mes y medio… para comer con él… él me dijo hace dos noches que no tenía ganas de ir a comprar una lata de tomates para los capelettini, luego dijo que los capelettini son ideales para él pero que no era su tiempo de comer capelettini… ah y que los capelettini son una belleza pero que no podía darme lo que yo le pedía (que fuera a comprar un puré de tomates para condimentar los capelettini)
Claro! tal vez ya había cenado y no tenía hambre, tal vez le gustan los capelettini pero ahora es su tiempo de osobuco y guiso de lentejas porque ya comió mucha pasta y está como empachado… o tal vez estaba tan seguro de que tenía un plato de capelettini ansioso de ser comido por él que les perdió el interés… el asunto es que su tan proclamado amor por los capelettini resultó ser pura palabrería… hueca… de telenovela… varias veces me dio la impresión de que tenía una inclinación casi adictiva a la cursilería, pero bueno… muchas personas cuando se enamoran se vuelven absolutamente cursis y yo -que soy tremenda romántica- aplaudo la cursilería, la celebro y creo que las palabras cursis sólo pueden salir de una boca enamorada…
Cancelar
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… y así seguí, ignorando las advertencias de mi sistema, que se iba deteriorando, acumulando daño, cada vez más desconfigurada, cada vez más infectada, llena de celos con motivos y sin motivos, llena de reclamos de atención y cuidado y amor… llena de tristeza y descreimiento que poco calmaban los mensajes “te quiero mucho mi amor” que recibía a diario…
… el programa que yo adoraba a veces andaba tan bien que parecía que volaba… y otras veces se colgaba y se colgaba y yo, con mi amor a cuestas:
Cancelar
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… hasta dos noches atrás que ya se me puso toda negra la pantalla… y tuve que apagar.
Claro! tal vez ya había cenado y no tenía hambre, tal vez le gustan los capelettini pero ahora es su tiempo de osobuco y guiso de lentejas porque ya comió mucha pasta y está como empachado… o tal vez estaba tan seguro de que tenía un plato de capelettini ansioso de ser comido por él que les perdió el interés… el asunto es que su tan proclamado amor por los capelettini resultó ser pura palabrería… hueca… de telenovela… varias veces me dio la impresión de que tenía una inclinación casi adictiva a la cursilería, pero bueno… muchas personas cuando se enamoran se vuelven absolutamente cursis y yo -que soy tremenda romántica- aplaudo la cursilería, la celebro y creo que las palabras cursis sólo pueden salir de una boca enamorada…
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