jueves, 4 de noviembre de 2010

Run Forest, run!

"Si no tengo amor, no tengo nada" recitaba el cura en un casamiento (un extremista, el hombre).  Yo por ejemplo, que no tengo amor (bah tengo el mío pero no me lo corresponden así que me parece que no cuenta) tengo adelante una bandeja con hermosas masas finas bien tangibles, que me van a durar al menos un par de meriendas.  Y cuántas meriendas dura un amor? 10? 20? 150? 3000?  Todo es finito en este mundo. 
A propósito de finito, por oposición, se me viene a la cabeza inevitablemente el tema del reemplazo del amor con la comida.  Es bien sabido que las mujeres en general (no sé si los hombres también) se vuelcan al consumo exacerbado de dulces en etapas de desamor.  Hasta se dice que comer un chocolate produce una satisfacción similar a la experimentada al tener un orgasmo.  Hummm me permito dudarlo, en lo personal encuentro estos placeres bastante diferentes, pero muchas congéneres deben apoyar esta analogía (también a muchas se les hace difícil tener un orgasmo). 
El asunto es que hoy, ante el desamor (con él, desde él, bajo él, contra él y las 19 preposiciones juntas) me hallo gozando con una bandeja de masas de mousse de chocolate y crema chantilly.  Y la estoy pasando muy bien, eh!
Respecto a esta sustitución de placeres, lo que me parece interesante abordar es el tema del tiempo, su extensión y oportunidad; lo que los estadounidenses llamarían "timing".  Es decir, inmersos en la cultura actual que sobrevalora la imagen y cuyo canon de belleza impone la delgadez, con un par de curvas naturales o artificiales, quizás deberíamos preguntarnos, antes de arrojarnos sobre media docena de facturas: "¿estoy en este momento de angustia y tristeza desesperada cerca de mi peso ideal?"  Pues bien, si acabamos de pasar una temporada de enamoramiento apasionado llena de sesiones de sexo genial y agotador, probablemente la respuesta sería afirmativa.  Si estábamos todo el tiempo con el corazón en la boca, pendientes de una llamada o mensaje de texto confirmadores de la correspondencia a nuestro amor, probablemente la respuesta también sería afirmativa, ya que semejante estrés suele provocar el cierre de la boca del estómago.  En estos casos entonces, diría: "Adelante! llená esta ausencia con carbohidratos!"  Mientras que, si las cosas han ocurrido de otra forma y "la catástrofe" nos agarra lejos de nuestro peso ideal o, si ya llevamos cierto (largo) tiempo lidiando con el desamor a puro ataque a la heladera: STOP! esta sustitución sólo nos traerá más angustia al mirarnos al espejo y no gustarnos o ponernos un jean y que ya no nos entre.  Es cruel, pero es así, somos espíritu y cuerpo, dos en uno indisoluble hasta la muerte.  Que el "amordemivida" no me quiera es dramático, pero no quererme yo misma lo es mucho más. 
Propongo consecuentemente, algo nada novedoso pero totalmente positivo y vigente: el ejercicio, la actividad física, el deporte.  Está comprobado (tanto o más que la teoría del chocolate) que la actividad física genera en nuestro cuerpo una liberación de endorfinas, las cuales producen sensación de bienestar y alegría.  Siendo así: corramos! al club, al gimnasio, a bailar, a nadar, a trotar!  Son todos beneficios: alegría, bienestar, quema de calorías, tonificación muscular, mejora del sistema cardio-respiratorio, disminución del tiempo dedicado a penar y hasta socialización!
Vamos! corramos! bueno...  arrastrémonossssssssssssss.
Mañana me termino las masas finas en el desayuno y a la tarde, a la clase de danza! y pasado a la pileta y así...  hasta aparecer en la tapa de la revista Fitness (¿por qué no puedo yo también ser extremista?).  De paso, vuelvo tarde y la panadería está cerrada.  Son todos beneficios, todos beneficios. 
Y cuántos desayunos dura el amor?
Uh! ahora que repaso en mi memoria, me parece que el cura decía "Si no tengo amor, no SOY nada".  Aaaaggghhh! de semejante declaración no hay Postre Salvador que nos rescate! Dios Mío! 
CALMA (ocho másss!) La pareja que estaba casándose aquella noche, a los dos años se divorció.  Como dije, todo es tan finito en este mundo...