"Si no tengo amor, no tengo nada" recitaba el cura en un casamiento (un extremista, el hombre). Yo por ejemplo, que no tengo amor (bah tengo el mío pero no me lo corresponden así que me parece que no cuenta) tengo adelante una bandeja con hermosas masas finas bien tangibles, que me van a durar al menos un par de meriendas. Y cuántas meriendas dura un amor? 10? 20? 150? 3000? Todo es finito en este mundo.
A propósito de finito, por oposición, se me viene a la cabeza inevitablemente el tema del reemplazo del amor con la comida. Es bien sabido que las mujeres en general (no sé si los hombres también) se vuelcan al consumo exacerbado de dulces en etapas de desamor. Hasta se dice que comer un chocolate produce una satisfacción similar a la experimentada al tener un orgasmo. Hummm me permito dudarlo, en lo personal encuentro estos placeres bastante diferentes, pero muchas congéneres deben apoyar esta analogía (también a muchas se les hace difícil tener un orgasmo).
El asunto es que hoy, ante el desamor (con él, desde él, bajo él, contra él y las 19 preposiciones juntas) me hallo gozando con una bandeja de masas de mousse de chocolate y crema chantilly. Y la estoy pasando muy bien, eh!
Respecto a esta sustitución de placeres, lo que me parece interesante abordar es el tema del tiempo, su extensión y oportunidad; lo que los estadounidenses llamarían "timing". Es decir, inmersos en la cultura actual que sobrevalora la imagen y cuyo canon de belleza impone la delgadez, con un par de curvas naturales o artificiales, quizás deberíamos preguntarnos, antes de arrojarnos sobre media docena de facturas: "¿estoy en este momento de angustia y tristeza desesperada cerca de mi peso ideal?" Pues bien, si acabamos de pasar una temporada de enamoramiento apasionado llena de sesiones de sexo genial y agotador, probablemente la respuesta sería afirmativa. Si estábamos todo el tiempo con el corazón en la boca, pendientes de una llamada o mensaje de texto confirmadores de la correspondencia a nuestro amor, probablemente la respuesta también sería afirmativa, ya que semejante estrés suele provocar el cierre de la boca del estómago. En estos casos entonces, diría: "Adelante! llená esta ausencia con carbohidratos!" Mientras que, si las cosas han ocurrido de otra forma y "la catástrofe" nos agarra lejos de nuestro peso ideal o, si ya llevamos cierto (largo) tiempo lidiando con el desamor a puro ataque a la heladera: STOP! esta sustitución sólo nos traerá más angustia al mirarnos al espejo y no gustarnos o ponernos un jean y que ya no nos entre. Es cruel, pero es así, somos espíritu y cuerpo, dos en uno indisoluble hasta la muerte. Que el "amordemivida" no me quiera es dramático, pero no quererme yo misma lo es mucho más.
Propongo consecuentemente, algo nada novedoso pero totalmente positivo y vigente: el ejercicio, la actividad física, el deporte. Está comprobado (tanto o más que la teoría del chocolate) que la actividad física genera en nuestro cuerpo una liberación de endorfinas, las cuales producen sensación de bienestar y alegría. Siendo así: corramos! al club, al gimnasio, a bailar, a nadar, a trotar! Son todos beneficios: alegría, bienestar, quema de calorías, tonificación muscular, mejora del sistema cardio-respiratorio, disminución del tiempo dedicado a penar y hasta socialización!
Vamos! corramos! bueno... arrastrémonossssssssssssss.
Mañana me termino las masas finas en el desayuno y a la tarde, a la clase de danza! y pasado a la pileta y así... hasta aparecer en la tapa de la revista Fitness (¿por qué no puedo yo también ser extremista?). De paso, vuelvo tarde y la panadería está cerrada. Son todos beneficios, todos beneficios.
Y cuántos desayunos dura el amor?
Uh! ahora que repaso en mi memoria, me parece que el cura decía "Si no tengo amor, no SOY nada". Aaaaggghhh! de semejante declaración no hay Postre Salvador que nos rescate! Dios Mío!
CALMA (ocho másss!) La pareja que estaba casándose aquella noche, a los dos años se divorció. Como dije, todo es tan finito en este mundo...
jueves, 4 de noviembre de 2010
jueves, 7 de octubre de 2010
Querido tender:
No! No te estoy arrancando la remera de los brazos, no seas exagerado! Ya estaba requeteseca y te la voy a reemplazar con algo más lindo. No, no te voy a dejar solo, ya vas a ver, en un rato te traigo una sorpresa...
La sorpresa fue que unas noche atrás, en medio del amor físico, siento que se me empiezan a caer los mocos (uh! qué poco adecuado al momento! Diosa del sexo devenida en humana resfriada, bueh...) Me paso la mano por la nariz un segundo, mientras lo miro, a mi amante, lo sigo mirando... En el pecho junto al cuello tiene varios circulitos rojos, como si se hubiera salpicado con pintura... parecen gotitas de sangre (pero yo no lo rasguñé con tanta intensidad, creo...) Entonces, sin dejar de amarlo, vuelvo a poner la mano que me llevé a la nariz sobre su cuerpo y le imprimo así una amorfa forma roja en la piel, pintura abstracta viva! fresquita fresquita... Me sangra la nariz!!! Ay ay ay... ya bastante dramática venía la historia y aparezco yo, la protagonista, desangrándome sobre el galán en plena escena de amor! Qué manera de darrrme!
Hum, qué raro es mi cuerpo... A quién deberé consultar? a la ginecóloga? el hematólogo? el otorrinolaringólogo? O tendré que tomar este hecho fisiológico, pero para mí sobrenatural, como una señal? Debería viajar a Transilvania para averiguarlo???
Mientras meto las fundas nuevas de las almohadas en el lavarropas, ruego que el jabón líquido cumpla todas las promesas que formula en la tele, zarandeos del electrodoméstico mediante.
Te dije que no te iba a dejar solo, tontito...
La sorpresa fue que unas noche atrás, en medio del amor físico, siento que se me empiezan a caer los mocos (uh! qué poco adecuado al momento! Diosa del sexo devenida en humana resfriada, bueh...) Me paso la mano por la nariz un segundo, mientras lo miro, a mi amante, lo sigo mirando... En el pecho junto al cuello tiene varios circulitos rojos, como si se hubiera salpicado con pintura... parecen gotitas de sangre (pero yo no lo rasguñé con tanta intensidad, creo...) Entonces, sin dejar de amarlo, vuelvo a poner la mano que me llevé a la nariz sobre su cuerpo y le imprimo así una amorfa forma roja en la piel, pintura abstracta viva! fresquita fresquita... Me sangra la nariz!!! Ay ay ay... ya bastante dramática venía la historia y aparezco yo, la protagonista, desangrándome sobre el galán en plena escena de amor! Qué manera de darrrme!
Hum, qué raro es mi cuerpo... A quién deberé consultar? a la ginecóloga? el hematólogo? el otorrinolaringólogo? O tendré que tomar este hecho fisiológico, pero para mí sobrenatural, como una señal? Debería viajar a Transilvania para averiguarlo???
Mientras meto las fundas nuevas de las almohadas en el lavarropas, ruego que el jabón líquido cumpla todas las promesas que formula en la tele, zarandeos del electrodoméstico mediante.
Te dije que no te iba a dejar solo, tontito...
miércoles, 29 de septiembre de 2010
El tender y sus amantes
Ahora sí estaríamos en condiciones de afirmar que tenía abiertas ganas de volver a verme...
Aunque su visita fue más fugaz que la de aquella vez del incidente del boxer, cuando se marchaba volvió a decirme, en el apuro porque se le iba el ómnibus "bueno, si me dejé algo me lo das la próxima", "ok" pensé y disimuladamente miré a mi alrededor para asegurarme que esta vez no se dejara nada en mi departamento (¡basta de devanear sobre cuestiones psicológicas e ideológicas por actos u omisiones de terceros!).
Unos días más tarde, mientras cambiaba el acolchado... ¡zas! la remera vieja (y sucia) con la que había venidooooo... ¡¿Será posible?! ¡¿qué se piensa que soy?! ¡¿la lavandería?! ¿¡o me vio cara de tintorera?! (las etapas del amorrrr...) Esta vez, me dije, no la lavo, la dejo así, ya veré si se la devuelvo, si la dono a gente necesitada, la prendo fuego, la uso de trapo para limpiar los vidrios o la llevo donde una bruja para hacer un "trabajito" (de "amarre" o de "desligue", hum... qué diyuntiva...)
Y cayó la noche... y la cosa ahí tirada... y me vino una especie de resabio de amor, o más bien, una imagen del amor que habría podido ser (mezclada con mi determinación de no lavarla). La olí, no me gustó el olor, chivo no, perfume tampoco, humanidad, pero una humanidad sin nombre y la metí bajo la almohada. Esa noche me dormí del otro lado de la cama, con la cabeza sobre la otra almohada y al día siguiente me fui de viaje.
Cuando volví seguía ahí (la hija de put...) impasible y maloliente. Hay que ponerle un coto a esta situación, pensé, no voy a estar compartiendo mi sueño con una prenda sucia que ya nada me representa (o que representa lo que no fue y lo que no es) y sobre todo: no me voy a conformar con la compañía de una remera! Para malas compañías... ya lo dice el dicho y además yo aspiro a más ¡mucho más!
Me bañé con ella en la bañera, esperando que el agua con un poco de shampoo, jabón y crema de enjuague le devolvieran la blancura e inodoridad sin mi esfuerzo; si el agua caliente la encojía: qué me imporrrta, menor superficie ocupada en mi casa.
Y ahí está, haciéndole compañía al tender agradecido y según el clima
Aunque su visita fue más fugaz que la de aquella vez del incidente del boxer, cuando se marchaba volvió a decirme, en el apuro porque se le iba el ómnibus "bueno, si me dejé algo me lo das la próxima", "ok" pensé y disimuladamente miré a mi alrededor para asegurarme que esta vez no se dejara nada en mi departamento (¡basta de devanear sobre cuestiones psicológicas e ideológicas por actos u omisiones de terceros!).
Unos días más tarde, mientras cambiaba el acolchado... ¡zas! la remera vieja (y sucia) con la que había venidooooo... ¡¿Será posible?! ¡¿qué se piensa que soy?! ¡¿la lavandería?! ¿¡o me vio cara de tintorera?! (las etapas del amorrrr...) Esta vez, me dije, no la lavo, la dejo así, ya veré si se la devuelvo, si la dono a gente necesitada, la prendo fuego, la uso de trapo para limpiar los vidrios o la llevo donde una bruja para hacer un "trabajito" (de "amarre" o de "desligue", hum... qué diyuntiva...)
Y cayó la noche... y la cosa ahí tirada... y me vino una especie de resabio de amor, o más bien, una imagen del amor que habría podido ser (mezclada con mi determinación de no lavarla). La olí, no me gustó el olor, chivo no, perfume tampoco, humanidad, pero una humanidad sin nombre y la metí bajo la almohada. Esa noche me dormí del otro lado de la cama, con la cabeza sobre la otra almohada y al día siguiente me fui de viaje.
Cuando volví seguía ahí (la hija de put...) impasible y maloliente. Hay que ponerle un coto a esta situación, pensé, no voy a estar compartiendo mi sueño con una prenda sucia que ya nada me representa (o que representa lo que no fue y lo que no es) y sobre todo: no me voy a conformar con la compañía de una remera! Para malas compañías... ya lo dice el dicho y además yo aspiro a más ¡mucho más!
Me bañé con ella en la bañera, esperando que el agua con un poco de shampoo, jabón y crema de enjuague le devolvieran la blancura e inodoridad sin mi esfuerzo; si el agua caliente la encojía: qué me imporrrta, menor superficie ocupada en mi casa.
Y ahí está, haciéndole compañía al tender agradecido y según el clima
se seca y se moja
se moja y se seca
se hamaca se hamaca
se enrosca y se enrosca...
martes, 24 de agosto de 2010
Spiderman y sus poderes reprimidos
El hombre araña vive en New York y yo vivo, digamos en... Washington, o sea a unos 300 km y pico. Y claro, uno pensaria: ¿qué son 300 o 400 km para un superhéroe? NADA! los hace de un solo vuelo! Ah pará pará que ése sería Superman o Birdman, hummm... El hombre araña no vuela, tiene que ir tirando redes contra las paredes para avanzar pendulando de edificio en edificio. Y ya saliendo de la ciudad desaparecen los edificios y es prácticamente todo campo hasta llegar a los suburbios de la capital. Entonces tendría que viajar como cualquier mortal o, a lo sumo, adherirse con sus redes al techo de un ómnibus y de paso ahorrarse el pasaje; pero igual son como cinco horas de viaje y él, como ya dijimos, está muy ocupado con su actividad superheroísta (superheroísta-superegoísta... cómo se parecen las palabras!). En consecuencia, este amor no le queda nada cómodo, no señor; mientras que allá en su New York querida tiene muchas admiradoras muriendo por él bien a mano, a unas cuadritas nomás. Lindas chicas golpeando y golpeando su puerta llorando histéricamente por estar con él. Y claro, Spiderman es spider pero también es man. Y los manes son débiles y no les gusta estar aguantándose sus urgencias, máxime si tienen donde desagotarlas fácilmente.
Así es que, al parecer, mi hombre araña está atrapado en la parte más mediocre de su ser. Yo no sé si va a poder salir alguna vez (por más superhéroe que sea). Tampoco sé si valdrá la pena esperarlo, por más alto que volemos cuando estamos juntos...
A mí, como a Girondo, "no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando", pero él quizá pueda hacer algo parecido aferrándose a las paredes, meciéndose en su red sin esfuerzo.
Yo prefiero volar aunque me caiga muchas veces y no andar adherida al suelo toda la vida hasta que algún zapato me aplaste.
Spiderman puede volar también, yo lo he visto...
Bah... tal vez se me mezclaron las historietas...
Así es que, al parecer, mi hombre araña está atrapado en la parte más mediocre de su ser. Yo no sé si va a poder salir alguna vez (por más superhéroe que sea). Tampoco sé si valdrá la pena esperarlo, por más alto que volemos cuando estamos juntos...
A mí, como a Girondo, "no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando", pero él quizá pueda hacer algo parecido aferrándose a las paredes, meciéndose en su red sin esfuerzo.
Yo prefiero volar aunque me caiga muchas veces y no andar adherida al suelo toda la vida hasta que algún zapato me aplaste.
Spiderman puede volar también, yo lo he visto...
Bah... tal vez se me mezclaron las historietas...
miércoles, 14 de julio de 2010
De los miedos y sus causas (para soluciones visitar otro blog)
¡Ay qué duda más infame me atormenta de nuevo!
¿qué hago?
¿me pongo la crema anti-arrugas?
¿o dejo su perfume invadiendo mi rostro,
el rastro de sus besos sobre mi piel?
Hummm ¡qué dilema!
No quiero, no quiero
arrugarme,
pero es sólo una noche...
puedo disfrutar de su fragancia impresa en mis poros...
¿a costa de restarle un día al tiempo que me separa de la vejez?
Ay se siente tan rico...
pero mañana cuando me bañe se me irá su perfume
inexorablemente...
Ah si se hubiera quedado y hubiéramos hecho el amor
seguramente no me habría puesto la crema
y mañana estaría un día más arrugada
pero una noche menos sola.
¿Qué es lo más atemorizante? ¿el envejecimiento o la soledad? Si uno está en pareja, asusta menos envejecer? Y a medida que uno envejece, asusta menos no estar en pareja?
¿De dónde viene tanto miedo al envejecimiento? ¿será una de las formas contemporáneas que ha adoptado el miedo ancestral a la muerte? ¿o será producto del culto a la imagen que caracteriza a la cultura imperante y nos conmina a lucir -además de bellos- jóvenes por siempre? Tanto así que la química y la medicina se han puesto al servicio de la floreciente y millonaria industria anti-age.
Y el miedo a la falta de pareja ¿tendrá que ver con la cuestión biológica del apareamiento y la preservación de la especie? ¿o será producto del mandato sociocultural de casarse y tener hijos, que sigue absolutamente vigente? Tanto así que aún los homosexuales, cuyo apareamiento no deriva en procreación y de quienes uno esperaría que, por la naturaleza transgresora de su unión, estuvieran menos inclinados a cumplir mandatos sociales, ahora bregan por poder casarse legalmente.
Exceptuando el matrimonio gay que, dada su imposibilidad de procrear, estaría motivado plenamente por un deseo de equiparación social (y de derechos económicos post-mortem) de los potenciales cónyuges; en el caso de los heterosexuales, me doy cuenta a medida que devaneo, que no se trata de causas alternativas (cultura vs. biología) sino que el mandato social de casarse seguramente está basado en la cuestión biológica del apareamiento y la preservación de la especie. En consecuencia, sería muy difícil escapar del miedo a quedarnos solos (sin pareja) cuando lo que está en juego es un tema ligado a lo más primitivo de nuestro ser. Mientras que las causas del temor (terror) al envejecimiento me resultan más oscuras, como dije: ¿miedo ancestral a la muerte o presión cultural lavacerebros?
Mientras pienso todo esto (sin ponerme la crema) estoy envejeciendo minuto a m-i-n-u-t-o y él ya se fue, por lo menos hoy no vuelve... así que, yo me pongo la crema! me pongo bien repartidita la crema anti-age y la hidrodesestresante! Por lo menos hoy.
Además, él es tan parte de esta cultura frívola que sobrevalora la imagen como yo, o sea que cuanto más arrugada esté, menos le voy a gustar y además, ya me puse tan seria y filosófica que ni me huelo el perfume francés de macho alfa que tenía en la cara!
PS 1: Como siempre serán especialmente bienvenidas las acotaciones de biólogos, antropólogos y sociólogos a mis devaneos mentales.
PS 2: Como ahora me estoy aplicando una "crema para las arrugas de expresión", me veo en la necesidad de escribir para poder expresarme, no sea que la risa, el llanto o el asombro neutralicen el efecto del producto.
¿qué hago?
¿me pongo la crema anti-arrugas?
¿o dejo su perfume invadiendo mi rostro,
el rastro de sus besos sobre mi piel?
Hummm ¡qué dilema!
No quiero, no quiero
arrugarme,
pero es sólo una noche...
puedo disfrutar de su fragancia impresa en mis poros...
¿a costa de restarle un día al tiempo que me separa de la vejez?
Ay se siente tan rico...
pero mañana cuando me bañe se me irá su perfume
inexorablemente...
Ah si se hubiera quedado y hubiéramos hecho el amor
seguramente no me habría puesto la crema
y mañana estaría un día más arrugada
pero una noche menos sola.
¿Qué es lo más atemorizante? ¿el envejecimiento o la soledad? Si uno está en pareja, asusta menos envejecer? Y a medida que uno envejece, asusta menos no estar en pareja?
¿De dónde viene tanto miedo al envejecimiento? ¿será una de las formas contemporáneas que ha adoptado el miedo ancestral a la muerte? ¿o será producto del culto a la imagen que caracteriza a la cultura imperante y nos conmina a lucir -además de bellos- jóvenes por siempre? Tanto así que la química y la medicina se han puesto al servicio de la floreciente y millonaria industria anti-age.
Y el miedo a la falta de pareja ¿tendrá que ver con la cuestión biológica del apareamiento y la preservación de la especie? ¿o será producto del mandato sociocultural de casarse y tener hijos, que sigue absolutamente vigente? Tanto así que aún los homosexuales, cuyo apareamiento no deriva en procreación y de quienes uno esperaría que, por la naturaleza transgresora de su unión, estuvieran menos inclinados a cumplir mandatos sociales, ahora bregan por poder casarse legalmente.
Exceptuando el matrimonio gay que, dada su imposibilidad de procrear, estaría motivado plenamente por un deseo de equiparación social (y de derechos económicos post-mortem) de los potenciales cónyuges; en el caso de los heterosexuales, me doy cuenta a medida que devaneo, que no se trata de causas alternativas (cultura vs. biología) sino que el mandato social de casarse seguramente está basado en la cuestión biológica del apareamiento y la preservación de la especie. En consecuencia, sería muy difícil escapar del miedo a quedarnos solos (sin pareja) cuando lo que está en juego es un tema ligado a lo más primitivo de nuestro ser. Mientras que las causas del temor (terror) al envejecimiento me resultan más oscuras, como dije: ¿miedo ancestral a la muerte o presión cultural lavacerebros?
Mientras pienso todo esto (sin ponerme la crema) estoy envejeciendo minuto a m-i-n-u-t-o y él ya se fue, por lo menos hoy no vuelve... así que, yo me pongo la crema! me pongo bien repartidita la crema anti-age y la hidrodesestresante! Por lo menos hoy.
Además, él es tan parte de esta cultura frívola que sobrevalora la imagen como yo, o sea que cuanto más arrugada esté, menos le voy a gustar y además, ya me puse tan seria y filosófica que ni me huelo el perfume francés de macho alfa que tenía en la cara!
PS 1: Como siempre serán especialmente bienvenidas las acotaciones de biólogos, antropólogos y sociólogos a mis devaneos mentales.
PS 2: Como ahora me estoy aplicando una "crema para las arrugas de expresión", me veo en la necesidad de escribir para poder expresarme, no sea que la risa, el llanto o el asombro neutralicen el efecto del producto.
martes, 22 de junio de 2010
Pitos y matracas!
Hoy el blog está de fiestaaaaaaa! La revista Oblogo publicó el post "Olvidos para el recuerdo" jaja! buenísimo! es muy buena la revista, se consigue en el subte B y D, en algunas intersecciones populosas del centro de la ciudad de Buenos Aires y en algunos comercios, ah y también se puede leer on-line en http://www.oblogo.com/.
Besos y augurios de paz y alegría a todos mis lectores!
Aguana
PD: Si alguno quiere un ejemplar de la revista en papel no tiene más que solicitarlo y dejar sus datos en los comentarios. Hasta muy pronto.
Besos y augurios de paz y alegría a todos mis lectores!
Aguana
PD: Si alguno quiere un ejemplar de la revista en papel no tiene más que solicitarlo y dejar sus datos en los comentarios. Hasta muy pronto.
domingo, 20 de junio de 2010
Spiderman torturado
Mañana me voy a teñir de colorada, como la chica del hombre araña.
El hombre araña está enamorado de la colorada, pero no puede ser su pareja porque tiene muchas cosas de superhéroe que hacer. Pero igual sigue amándola. O sea que termina siendo un torturado por el amor, que por su propia vocación, no puede tener porque son incompatibles (porque la pone en riesgo a su amada o porque no tiene tiempo para dedicarle, con tanto salvar gente y pendular de edificio en edificio).
Hoy me voy a dormir sin bombacha, si el hombre araña viene a mi cama mientras duermo, podrá tomarme en cuanto atraviese mi ventana y trepe a mi entrepiso y a mí.
Yo no quiero telas entre nosotros,
ni una bombacha, ni un boxer ni un óleo.
Todos éstos al lado de la cama
rodeándola
como en ese lugar maravilloso
donde las cerdas se confunden con los vellos
las sábanas verdes con los árboles
los fluídos con el agua del baño que pierde
los gemidos con la sinfonía de la radio
las respiraciones agitadas con el ruido del mar
los orgasmos con las olas que rompen
los cuerpos disolviéndose con la espuma
las pieles con la arena
los rostros durmiéndose con los retratos
los bastidores con los tirantes de la cama
todo se confunde
todo se funde con
todo...
Spiderman is having me for dinner tonight...
El hombre araña está enamorado de la colorada, pero no puede ser su pareja porque tiene muchas cosas de superhéroe que hacer. Pero igual sigue amándola. O sea que termina siendo un torturado por el amor, que por su propia vocación, no puede tener porque son incompatibles (porque la pone en riesgo a su amada o porque no tiene tiempo para dedicarle, con tanto salvar gente y pendular de edificio en edificio).
Hoy me voy a dormir sin bombacha, si el hombre araña viene a mi cama mientras duermo, podrá tomarme en cuanto atraviese mi ventana y trepe a mi entrepiso y a mí.
Yo no quiero telas entre nosotros,
ni una bombacha, ni un boxer ni un óleo.
Todos éstos al lado de la cama
rodeándola
como en ese lugar maravilloso
donde las cerdas se confunden con los vellos
las sábanas verdes con los árboles
los fluídos con el agua del baño que pierde
los gemidos con la sinfonía de la radio
las respiraciones agitadas con el ruido del mar
los orgasmos con las olas que rompen
los cuerpos disolviéndose con la espuma
las pieles con la arena
los rostros durmiéndose con los retratos
los bastidores con los tirantes de la cama
todo se confunde
todo se funde con
todo...
Spiderman is having me for dinner tonight...
viernes, 11 de junio de 2010
Bandera amarilla y negra
Devaneo devaneo devaneo... devaneo recetado, devaneo acongojado, devaneo consternado, devaneo esperanzado, angustiado, enojado, desplazado, aniquilado, devaneo solo, devaneo con café, mirando el mar, devaneo decepcionado, con dolor de pecho, devaneo atropellado, aplastado, con cara de puchero, devaneo con olas y con viento, con bandera de mar dudoso...
Ja! bueno... la bandera y yo sentimos lo mismo: DUDA. Ella duda: se pondrá más picado el mar? o se irá calmando? Y alerta al veraneante: "Si se mete al agua, métase con la duda de que tal vez salga vivo por sus propios medios o tal vez tengan que ir a rescatarlo y traerlo colgando de un salvavidas" o "Métase con la duda de que puede pasar un rato agradable refrescándose o puede pasársela tragando agua a puro revolcón con la ola orillera" y "Métase! O... bueno... ya con semejantes dudas planteadas... dude de meterse o no meterse, que al fin y al cabo no está tan mal quedarse tomando mate o jugando al tejo o leyendo un capítulo más de su novela de vacaciones".
¿Hay algo más perturbador que la duda?
La duda paraliza, la duda angustia, la duda carcome, la duda destruye. Millones de margaritas mutiladas a lo largo de los siglos son prueba irrefutable.
(En agradecimiento a Oliverio Girondo por su "Todo era amor" y a los guardavidas siempre atentos que nos cuidan con todas las banderas)
Ja! bueno... la bandera y yo sentimos lo mismo: DUDA. Ella duda: se pondrá más picado el mar? o se irá calmando? Y alerta al veraneante: "Si se mete al agua, métase con la duda de que tal vez salga vivo por sus propios medios o tal vez tengan que ir a rescatarlo y traerlo colgando de un salvavidas" o "Métase con la duda de que puede pasar un rato agradable refrescándose o puede pasársela tragando agua a puro revolcón con la ola orillera" y "Métase! O... bueno... ya con semejantes dudas planteadas... dude de meterse o no meterse, que al fin y al cabo no está tan mal quedarse tomando mate o jugando al tejo o leyendo un capítulo más de su novela de vacaciones".
¿Hay algo más perturbador que la duda?
La duda paraliza, la duda angustia, la duda carcome, la duda destruye. Millones de margaritas mutiladas a lo largo de los siglos son prueba irrefutable.
(En agradecimiento a Oliverio Girondo por su "Todo era amor" y a los guardavidas siempre atentos que nos cuidan con todas las banderas)
viernes, 28 de mayo de 2010
De luces y relojes...
Ya es noche de jueves pre-bicentenario, salgo de mi trabajo frente a la Plaza de Mayo y… guauuu… la Casa Rosada es un resplandor fucsiaaaaaa… se me viene a la mente la canción de Sabina sobre la “Magdalena” que trabaja en un lugar con bombitas de colores sobre la carretera…
El viernes dan asueto por la tarde temprano, el centro está intransitable con todos los preparativos para los festejos, paso por la puerta del edificio de la Jefatura de Gobierno y un pintor está agachado dándole una manito de blanco de última hora, vamos vamos que ya llega el bicentenario, cheee!
Hoy jueves post-bicentenario salgo del trabajo, atravieso la plaza y compruebo lo que oí, han pintado el Cabildo de blanco tan blanco que provoca ponerse lentes de sol, lindo, la verdad que quedó lindo y también está superiluminado como la casa de enfrente, pero al ser luces blancas en este caso no se da el efecto boliche-cabaret.
La contemplación del Cabildo puro y fulgurante me lleva la vista hacia el reloj de la cúpula… no funciona. Entonces miro la cúpula de un edificio vecino que también da hacia la plaza y está iluminada y tiene un hermoso reloj… más cerca de las ocho pero no, tampoco anda, la aguja del segundero está clavada a las doce… más distante veo la cúpula del Concejo Deliberante… chequeo con mi reloj y éste sí anda… bueno, al menos uno… o tal vez dejó de funcionar a las ocho y cinco de quién sabe que día, no sé porque me voy, me meto al subte. Pero antes vuelvo a mirar el Cabildo, esta vez hacia abajo y veo que el señor que siempre duerme con un perro en la puerta del Cabildo no está… ¿con esta revolución decorativa del 2010 lo habrán mudado a una recova menos patriótica?
¿Por qué no arreglaron los relojes de la ciudad? ¿Por qué? Tanta pintura, tantas luces, tanto stand en la 9 de julio, tantos acróbatas, tantos artistas, tantas banderas… ¿y los relojes? A mí me gustan tanto los relojes… ¿Y el señor con su perro? ¿dónde está?
El viernes dan asueto por la tarde temprano, el centro está intransitable con todos los preparativos para los festejos, paso por la puerta del edificio de la Jefatura de Gobierno y un pintor está agachado dándole una manito de blanco de última hora, vamos vamos que ya llega el bicentenario, cheee!
Hoy jueves post-bicentenario salgo del trabajo, atravieso la plaza y compruebo lo que oí, han pintado el Cabildo de blanco tan blanco que provoca ponerse lentes de sol, lindo, la verdad que quedó lindo y también está superiluminado como la casa de enfrente, pero al ser luces blancas en este caso no se da el efecto boliche-cabaret.
La contemplación del Cabildo puro y fulgurante me lleva la vista hacia el reloj de la cúpula… no funciona. Entonces miro la cúpula de un edificio vecino que también da hacia la plaza y está iluminada y tiene un hermoso reloj… más cerca de las ocho pero no, tampoco anda, la aguja del segundero está clavada a las doce… más distante veo la cúpula del Concejo Deliberante… chequeo con mi reloj y éste sí anda… bueno, al menos uno… o tal vez dejó de funcionar a las ocho y cinco de quién sabe que día, no sé porque me voy, me meto al subte. Pero antes vuelvo a mirar el Cabildo, esta vez hacia abajo y veo que el señor que siempre duerme con un perro en la puerta del Cabildo no está… ¿con esta revolución decorativa del 2010 lo habrán mudado a una recova menos patriótica?
¿Por qué no arreglaron los relojes de la ciudad? ¿Por qué? Tanta pintura, tantas luces, tanto stand en la 9 de julio, tantos acróbatas, tantos artistas, tantas banderas… ¿y los relojes? A mí me gustan tanto los relojes… ¿Y el señor con su perro? ¿dónde está?
martes, 18 de mayo de 2010
MOSCAS
Viajaba por primera vez a la provincia de Mendoza, íbamos en avión con una amiga. Como el vuelo era a primera hora de la tarde, mi madre tan amorosa y tan madre me dio un refrigerio para el viaje (no vaya a ser que la nena se le desnutra por pasarse el almuerzo). Acepté el refrigerio y partimos. Durante el vuelo decidí comer la banana y una de las dos mandarinas que me había mandado mi mamá.
Al llegar al aeropuerto de la ciudad de Mendoza, unos agentes oficiales hacían unas preguntas a todos los pasajeros que bajaban del avión. Yo me dije “¿qué estarán controlando si es un vuelo de cabotaje? ¿habrá una aduana interna?” Entonces nos llegó el turno a nosotras, se acercaron y nos preguntaron si llevábamos alguna fruta en el equipaje… Con la sorpresa y vergüenza de un contrabandista novato y pobre, declaré que yo llevaba una mandarina en mi mochila y acto seguido me indicaron que debía depositarla en una caja, explicándome que estaba prohibido ingresar frutas a la provincia de Mendoza, como medida de prevención contra la mosca del Mediterráneo (chupate esa... humm... “indeseable”).
Hoy encontré tres pequeñas moscas ahogadas en dos tazas con restos de café con leche en la bacha de mi cocina.
Me alegré (nunca pude olvidar el embarazoso incidente del aeropuerto de Mendoza).
Hace rato que convivo con un grupo de estas pequeñas criaturas voladoras que, seguramente, vendrán por la fruta que yo insisto en dejar fuera de la heladera.
Se ve que ante la visión de unos tragos de café con leche rebajados con agua, decidieron abandonar las tres manzanas por las que vinieron (desde Europa quizás) a mi departamento y lanzarse –con poca pericia- al dulce y excitante néctar.
Yo me pregunto ¿cómo habrá sido el proceso que las llevó a la muerte? ¿Habrán llegado a disfrutar algunos sorbos antes de sucumbir fatalmente? ¿O habrán perecido instantáneamente en el acuatizaje sobre el líquido? ¿Sabrían ellas de los riesgos que conllevaba semejante deseo irrefrenable?
Algunas todavía sobrevuelan mi cocina ¿se habrán acercado también ellas al café con leche y con mayor destreza habrán evitado el deceso? ¿O habrán permanecido a una prudente distancia observando cómo las más arrojadas se sumían en el deleite y luego en ese mismo deleite se ahogaban para siempre?
Who knows… I wish I could speak to them to share some experiences perhaps…
El caso de las moscas me sorprende porque los animales en general son más inteligentes que las personas a la hora de protegerse de los peligros. ¿Será que están genéticamente más preparados para enfrentarse al medio y/o que su medio es más simple y más predecible que el de los humanos? ¿Será nuestra propia complejidad, nuestro raciocinio “avanzado” el que paradójicamente nos vuelve más vulnerables ante las inclemencias del medio? ¿Por qué nosotros no sabemos reconocer y alejarnos a tiempo de nuestros predadores? ¿Por qué en los manuales de biología no dice que nuestro medio está tan tergiversado que el hombre ha devenido en predador natural del hombre?
Yo por ejemplo, fui atrapada hace un tiempo por un predador de almas... Esta criatura, de apariencia encantadora e iluminada, al toparse con una potencial presa, desarrolla una parafernalia de amor desesperado shakesperiano hasta que la presa totalmente encandilada cede y le entrega su alma sin reparos; así durante un período que puede ir de uno a varios meses, el predador se alimenta de suficiente amor y admiración (indispensables para su supervivencia) y cuando se siente saciado y fortalecido desarma su teatro dejando a su víctima malherida, completamente desorientada y hambrienta.
El asunto es que aún hoy estoy luchando como las torpes apasionadas ilusas y suicidas moscas para sacudirme el café con leche que me empastó las alas y volar...
volar de nuevo...
P.S: ¡Si hasta la doble nacionalidad tengo! Soy tal cual una mosca del Mediterráneo... (salvo que ellas no pueden entrar a Mendoza por el aeropuerto y yo sí) Ahora lo primero que hago cuando vuelvo a casa es meter la fruta en la heladera, no soporto más tanto dolor.
Al llegar al aeropuerto de la ciudad de Mendoza, unos agentes oficiales hacían unas preguntas a todos los pasajeros que bajaban del avión. Yo me dije “¿qué estarán controlando si es un vuelo de cabotaje? ¿habrá una aduana interna?” Entonces nos llegó el turno a nosotras, se acercaron y nos preguntaron si llevábamos alguna fruta en el equipaje… Con la sorpresa y vergüenza de un contrabandista novato y pobre, declaré que yo llevaba una mandarina en mi mochila y acto seguido me indicaron que debía depositarla en una caja, explicándome que estaba prohibido ingresar frutas a la provincia de Mendoza, como medida de prevención contra la mosca del Mediterráneo (chupate esa... humm... “indeseable”).
Hoy encontré tres pequeñas moscas ahogadas en dos tazas con restos de café con leche en la bacha de mi cocina.
Me alegré (nunca pude olvidar el embarazoso incidente del aeropuerto de Mendoza).
Hace rato que convivo con un grupo de estas pequeñas criaturas voladoras que, seguramente, vendrán por la fruta que yo insisto en dejar fuera de la heladera.
Se ve que ante la visión de unos tragos de café con leche rebajados con agua, decidieron abandonar las tres manzanas por las que vinieron (desde Europa quizás) a mi departamento y lanzarse –con poca pericia- al dulce y excitante néctar.
Yo me pregunto ¿cómo habrá sido el proceso que las llevó a la muerte? ¿Habrán llegado a disfrutar algunos sorbos antes de sucumbir fatalmente? ¿O habrán perecido instantáneamente en el acuatizaje sobre el líquido? ¿Sabrían ellas de los riesgos que conllevaba semejante deseo irrefrenable?
Algunas todavía sobrevuelan mi cocina ¿se habrán acercado también ellas al café con leche y con mayor destreza habrán evitado el deceso? ¿O habrán permanecido a una prudente distancia observando cómo las más arrojadas se sumían en el deleite y luego en ese mismo deleite se ahogaban para siempre?
Who knows… I wish I could speak to them to share some experiences perhaps…
El caso de las moscas me sorprende porque los animales en general son más inteligentes que las personas a la hora de protegerse de los peligros. ¿Será que están genéticamente más preparados para enfrentarse al medio y/o que su medio es más simple y más predecible que el de los humanos? ¿Será nuestra propia complejidad, nuestro raciocinio “avanzado” el que paradójicamente nos vuelve más vulnerables ante las inclemencias del medio? ¿Por qué nosotros no sabemos reconocer y alejarnos a tiempo de nuestros predadores? ¿Por qué en los manuales de biología no dice que nuestro medio está tan tergiversado que el hombre ha devenido en predador natural del hombre?
Yo por ejemplo, fui atrapada hace un tiempo por un predador de almas... Esta criatura, de apariencia encantadora e iluminada, al toparse con una potencial presa, desarrolla una parafernalia de amor desesperado shakesperiano hasta que la presa totalmente encandilada cede y le entrega su alma sin reparos; así durante un período que puede ir de uno a varios meses, el predador se alimenta de suficiente amor y admiración (indispensables para su supervivencia) y cuando se siente saciado y fortalecido desarma su teatro dejando a su víctima malherida, completamente desorientada y hambrienta.
El asunto es que aún hoy estoy luchando como las torpes apasionadas ilusas y suicidas moscas para sacudirme el café con leche que me empastó las alas y volar...
volar de nuevo...
P.S: ¡Si hasta la doble nacionalidad tengo! Soy tal cual una mosca del Mediterráneo... (salvo que ellas no pueden entrar a Mendoza por el aeropuerto y yo sí) Ahora lo primero que hago cuando vuelvo a casa es meter la fruta en la heladera, no soporto más tanto dolor.
miércoles, 5 de mayo de 2010
HOY: Capelettini al aceite de oliva
Y bueno… me sigo comiendo los capelettini… qué va a ser… me cerraron todos los deliveries otra vez… y ya no tiene sentido seguir guardándolos… los capelettini que compré hará un mes, mes y medio… para comer con él… él me dijo hace dos noches que no tenía ganas de ir a comprar una lata de tomates para los capelettini, luego dijo que los capelettini son ideales para él pero que no era su tiempo de comer capelettini… ah y que los capelettini son una belleza pero que no podía darme lo que yo le pedía (que fuera a comprar un puré de tomates para condimentar los capelettini)
Claro! tal vez ya había cenado y no tenía hambre, tal vez le gustan los capelettini pero ahora es su tiempo de osobuco y guiso de lentejas porque ya comió mucha pasta y está como empachado… o tal vez estaba tan seguro de que tenía un plato de capelettini ansioso de ser comido por él que les perdió el interés… el asunto es que su tan proclamado amor por los capelettini resultó ser pura palabrería… hueca… de telenovela… varias veces me dio la impresión de que tenía una inclinación casi adictiva a la cursilería, pero bueno… muchas personas cuando se enamoran se vuelven absolutamente cursis y yo -que soy tremenda romántica- aplaudo la cursilería, la celebro y creo que las palabras cursis sólo pueden salir de una boca enamorada…
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… y así seguí, ignorando las advertencias de mi sistema, que se iba deteriorando, acumulando daño, cada vez más desconfigurada, cada vez más infectada, llena de celos con motivos y sin motivos, llena de reclamos de atención y cuidado y amor… llena de tristeza y descreimiento que poco calmaban los mensajes “te quiero mucho mi amor” que recibía a diario…
… el programa que yo adoraba a veces andaba tan bien que parecía que volaba… y otras veces se colgaba y se colgaba y yo, con mi amor a cuestas:
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… hasta dos noches atrás que ya se me puso toda negra la pantalla… y tuve que apagar.
Claro! tal vez ya había cenado y no tenía hambre, tal vez le gustan los capelettini pero ahora es su tiempo de osobuco y guiso de lentejas porque ya comió mucha pasta y está como empachado… o tal vez estaba tan seguro de que tenía un plato de capelettini ansioso de ser comido por él que les perdió el interés… el asunto es que su tan proclamado amor por los capelettini resultó ser pura palabrería… hueca… de telenovela… varias veces me dio la impresión de que tenía una inclinación casi adictiva a la cursilería, pero bueno… muchas personas cuando se enamoran se vuelven absolutamente cursis y yo -que soy tremenda romántica- aplaudo la cursilería, la celebro y creo que las palabras cursis sólo pueden salir de una boca enamorada…
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… y así seguí, ignorando las advertencias de mi sistema, que se iba deteriorando, acumulando daño, cada vez más desconfigurada, cada vez más infectada, llena de celos con motivos y sin motivos, llena de reclamos de atención y cuidado y amor… llena de tristeza y descreimiento que poco calmaban los mensajes “te quiero mucho mi amor” que recibía a diario…
… el programa que yo adoraba a veces andaba tan bien que parecía que volaba… y otras veces se colgaba y se colgaba y yo, con mi amor a cuestas:
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viernes, 19 de marzo de 2010
Sensación térmica
Será cierto que Borges dijo: "sólo los tontos y los necios hablan del tiempo"?
Si así fuera, nos dijo al 90-95% de los humanos: "son todos unos idiotas o una manga de descerebrados".
Claro que hablar del tiempo no nos enriquece intelectual ni espiritualmente, pero en mi opinión, la pequeña charla climatológica es inherente al ser social que somos. Hablar del clima nos une, nos conecta con el otro en algunas situaciones de la vida cotidiana.
Si yo por ejemplo, me subo al ascensor a la mañana y el ascensor viene con un vecino adentro, podría pararme frente a él y decirle: "qué barbaridad! sabías que las toallas femeninas vienen cada vez peores?" y él podría contestar: "y las baterías de los autos ni te cuento..." O podría encontrarme con la portera en el hall del edificio y escucharla decir: "sabe que en la farmacia del sindicato ya no venden el laxante suave que le hace tanto bien a mi mamá?" a lo que yo podría responder: "y ud. vio que por internet ya no se consiguen los pendrives de 2gb?" Éstos serían los temas de nuestro mayor interés o preocupación individual en ese preciso momento en que coincidimos con el otro, pero obviamente esto no sería comunicación. También podríamos pasarnos los segundos de ascensor compartidos con el vecino en 1 m2 mirándonos a los ojos sin dirigirnos la palabra... y la portera paradita en mi camino a la calle bien podría quedarse calladita y seguir limpiando... Pero, como seres sociales que somos, el silencio nos resulta difícil de soportar en estas cercanías obligadas con terceros. Es allí donde el clima viene en nuestra ayuda casi automáticamente: la lluvia, el calor, el frío, la humedad y hasta la presión atmosférica nos tienden una mano.
Y por qué lo primero que viene a nuestras mentes en estas situaciones de cohabitación forzada es el estado del tiempo y el pronóstico?
Porque más allá de la evolución y el desarrollo tecnológico (y de las diferencias sociales, económicas y culturales) todos seguimos siendo una parte de la naturaleza; entonces, como PARTE (y no como CENTRO) nos es imposible abstraernos de los fenómenos naturales, valga la redundancia.
Dejando a un lado en este devaneo, los fenómenos climatológicos extraordinarios -cada vez más ordinarios- como terremotos, aludes, inundaciones y tsunamis, cuyas consecuencias sobre la población humana son tan devastadoras como obvias, me permito señalar cuán notable es la influencia del clima sobre la psiquis de las personas.
Durante los días lluviosos muchos se deprimen, a algunos se les dispara el romanticismo (aahhh), otros despliegan todo un operativo de protección antilluvia que incluye paraguas, piloto, botas de goma y radiotaxis. Los días de sol provocan en alguna gente una alegría casi instantánea, a mí por ejemplo, si ando un poco deprimida... hasta me da bronca que esté soleado! me siento más contenida (otra palabrita de moda eh) si el día está bien nublado.
Concluyendo, señoras y señores:
La relación entre el ser humano y el estado del tiempo tiene que ser algo verdaderamente sustancial y no creo que sea cuestión de tontos o de necios. De lo contrario no me explico por qué más de una docena de psicólogas me han hecho "Dibujar una persona bajo la lluvia" durante mi largo desfile por entrevistas laborales... no me lo explico! no me lo explicooooo!!!!!!!
Un psicólogo a la derecha! Un antropólogo a la izquierda!
Si así fuera, nos dijo al 90-95% de los humanos: "son todos unos idiotas o una manga de descerebrados".
Claro que hablar del tiempo no nos enriquece intelectual ni espiritualmente, pero en mi opinión, la pequeña charla climatológica es inherente al ser social que somos. Hablar del clima nos une, nos conecta con el otro en algunas situaciones de la vida cotidiana.
Si yo por ejemplo, me subo al ascensor a la mañana y el ascensor viene con un vecino adentro, podría pararme frente a él y decirle: "qué barbaridad! sabías que las toallas femeninas vienen cada vez peores?" y él podría contestar: "y las baterías de los autos ni te cuento..." O podría encontrarme con la portera en el hall del edificio y escucharla decir: "sabe que en la farmacia del sindicato ya no venden el laxante suave que le hace tanto bien a mi mamá?" a lo que yo podría responder: "y ud. vio que por internet ya no se consiguen los pendrives de 2gb?" Éstos serían los temas de nuestro mayor interés o preocupación individual en ese preciso momento en que coincidimos con el otro, pero obviamente esto no sería comunicación. También podríamos pasarnos los segundos de ascensor compartidos con el vecino en 1 m2 mirándonos a los ojos sin dirigirnos la palabra... y la portera paradita en mi camino a la calle bien podría quedarse calladita y seguir limpiando... Pero, como seres sociales que somos, el silencio nos resulta difícil de soportar en estas cercanías obligadas con terceros. Es allí donde el clima viene en nuestra ayuda casi automáticamente: la lluvia, el calor, el frío, la humedad y hasta la presión atmosférica nos tienden una mano.
Y por qué lo primero que viene a nuestras mentes en estas situaciones de cohabitación forzada es el estado del tiempo y el pronóstico?
Porque más allá de la evolución y el desarrollo tecnológico (y de las diferencias sociales, económicas y culturales) todos seguimos siendo una parte de la naturaleza; entonces, como PARTE (y no como CENTRO) nos es imposible abstraernos de los fenómenos naturales, valga la redundancia.
Dejando a un lado en este devaneo, los fenómenos climatológicos extraordinarios -cada vez más ordinarios- como terremotos, aludes, inundaciones y tsunamis, cuyas consecuencias sobre la población humana son tan devastadoras como obvias, me permito señalar cuán notable es la influencia del clima sobre la psiquis de las personas.
Durante los días lluviosos muchos se deprimen, a algunos se les dispara el romanticismo (aahhh), otros despliegan todo un operativo de protección antilluvia que incluye paraguas, piloto, botas de goma y radiotaxis. Los días de sol provocan en alguna gente una alegría casi instantánea, a mí por ejemplo, si ando un poco deprimida... hasta me da bronca que esté soleado! me siento más contenida (otra palabrita de moda eh) si el día está bien nublado.
Concluyendo, señoras y señores:
La relación entre el ser humano y el estado del tiempo tiene que ser algo verdaderamente sustancial y no creo que sea cuestión de tontos o de necios. De lo contrario no me explico por qué más de una docena de psicólogas me han hecho "Dibujar una persona bajo la lluvia" durante mi largo desfile por entrevistas laborales... no me lo explico! no me lo explicooooo!!!!!!!
Un psicólogo a la derecha! Un antropólogo a la izquierda!
martes, 9 de marzo de 2010
OLVIDOS PARA EL RECUERDO
"Bueno si me olvido algo no importa porque vuelvo en unos días" se despidió diciendo...
Sí, por supuesto, qué problema hay con que se olvide algo? se lo guardo o lo dejo ahí y chau! cuando vuelve se lo lleva.
Haciendo uso de una psicología baratísima, podríamos decir que olvidarse alguna pertenencia en un lugar es símbolo inequívoco de que uno quiere volver a ese lugar. Entonces, regla de tres simple: si el hombre que nos parte la cabeza se olvida algún bien suyo en nuestro hábitat, vendría a ser genial, seria como una confirmación de que nuestros sentimientos son correspondidos!
Pero (y éste es un Gran Pero) si el objeto olvidado por "nuestro" hombre (que no vive en nuestra casa) resulta ser un calzoncillo, la cuestión se torna casi un asunto de estado.
Una se encuentra ahí... frente al objeto -usado obviamente- y tiene que tomar alguna determinación: ignorarlo? tirarlo al descuido debajo de la cama? guardarlo en una linda bolsita para devolverlo así en el próximo encuentro? o... o... LAVARLO???
Es casualidad? paradoja? treta del destino? que hoy, JUSTO HOY, sea el Día de la Mujer? y yo me vea en esta situación que confronta prácticamente toda una ideología, una línea de pensamiento, un deber ser cultivado durante toda una vida?
Tomé coraje, agarré la prenda y -esta palabra tan en boga- desdramatizando: me dispuse a lavarlo a mano. Por primera vez en mi vida me hallé lavando un calzoncillo.
Desdramatizando aún más ya que estaba el agua jabonosa, lo acompañé con un par de bombachas mías...
Oh my God! (no desdramaticé nada) qué imagen! el boxer y las dos cola-less todos blanquitos y juntitos en remojo!
cric-cric.... cric-cric....
Mis bombachas, como de costumbre, las colgué de la canilla y, esperando que todas las mujeres hayan pasado un feliz día, cierro este devaneo con unos versos:
Sí, por supuesto, qué problema hay con que se olvide algo? se lo guardo o lo dejo ahí y chau! cuando vuelve se lo lleva.
Haciendo uso de una psicología baratísima, podríamos decir que olvidarse alguna pertenencia en un lugar es símbolo inequívoco de que uno quiere volver a ese lugar. Entonces, regla de tres simple: si el hombre que nos parte la cabeza se olvida algún bien suyo en nuestro hábitat, vendría a ser genial, seria como una confirmación de que nuestros sentimientos son correspondidos!
Pero (y éste es un Gran Pero) si el objeto olvidado por "nuestro" hombre (que no vive en nuestra casa) resulta ser un calzoncillo, la cuestión se torna casi un asunto de estado.
Una se encuentra ahí... frente al objeto -usado obviamente- y tiene que tomar alguna determinación: ignorarlo? tirarlo al descuido debajo de la cama? guardarlo en una linda bolsita para devolverlo así en el próximo encuentro? o... o... LAVARLO???
Es casualidad? paradoja? treta del destino? que hoy, JUSTO HOY, sea el Día de la Mujer? y yo me vea en esta situación que confronta prácticamente toda una ideología, una línea de pensamiento, un deber ser cultivado durante toda una vida?
Tomé coraje, agarré la prenda y -esta palabra tan en boga- desdramatizando: me dispuse a lavarlo a mano. Por primera vez en mi vida me hallé lavando un calzoncillo.
Desdramatizando aún más ya que estaba el agua jabonosa, lo acompañé con un par de bombachas mías...
Oh my God! (no desdramaticé nada) qué imagen! el boxer y las dos cola-less todos blanquitos y juntitos en remojo!
cric-cric.... cric-cric....
Mis bombachas, como de costumbre, las colgué de la canilla y, esperando que todas las mujeres hayan pasado un feliz día, cierro este devaneo con unos versos:
Pende y se balancea
blanco y solo
el boxer de mi amado,
el tender no puede
con su asombro
de verse ocupado.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Afinidades y desafinidades 1
Hummm el amor el amor... la gente experimentada dice: "con el amor no alcanza", hace falta paciencia, transigencia, sopesar lo importante vs. las boludeces, tener afinidades...
ay qué difícil! Suele ocurrirme que los hombres con los que tengo más afinidades son aquéllos de los que menos me enamoro y con aquéllos por los que muero de amorrr no comparto ni el placer de ir a tomar un helado....
Esto dicho sólo a modo de ejemplo, yo no soy gran tomadora de helados, lo digo por el supuesto "él".... hay personas que disfrutan mucho de tomar helados... yo... a veces...muy esporádicamente.
Ir a tomar un helado es un acto de ocio absoluto porque cuando uno toma un helado sentado en el banco de una heladería, sólo puede estar ahí... lamiendo el "alimento"... sosteniendo el vasito con una mano y la cucharita con la otra, absorto en el placer de la ingesta y en intentar que la sustancia -que va cambiando del estado sólido al líquido rápidamente- no se derrame sobre nuestras manos y/o indumentaria. Por lo cual podemos decir que este acto, en apariencia tan simple, requiere de una cuota de concentración nada despreciable y por qué no? de una habilidad específica.
Ahora bien, lo bueno de tomar un helado, a pesar de la concentración requerida, es que también puede ser una actividad social; podemos realizarla con un amigo, un pariente o una pareja y el mismo objeto es un generador natural de conversación: Qué tal está el tuyo? Querés probar el mío? Cuidado que se te está inclinando!! No te comés el vasito?
Nótese entonces que, además, tomar un helado puede constituir un intercambio físico y concreto (de fluídos residuales) entre dos personas que apenas se conocen o que empiezan a conocerse, abriendo paso a un acercamiento inocente que quién sabe en qué puede terminarrrr....
Y así transcurre el tiempo... pacíficamente... entre lamida y lamida... sin conversaciones profundas ni conflictivas (cuando lo hacemos en compañía) y sin atormentarnos con un sinfín de pensamientos (cuando lo hacemos en soledad) Yo? frutos del bosque y chocolate rocher.
ay qué difícil! Suele ocurrirme que los hombres con los que tengo más afinidades son aquéllos de los que menos me enamoro y con aquéllos por los que muero de amorrr no comparto ni el placer de ir a tomar un helado....
Esto dicho sólo a modo de ejemplo, yo no soy gran tomadora de helados, lo digo por el supuesto "él".... hay personas que disfrutan mucho de tomar helados... yo... a veces...muy esporádicamente.
Ir a tomar un helado es un acto de ocio absoluto porque cuando uno toma un helado sentado en el banco de una heladería, sólo puede estar ahí... lamiendo el "alimento"... sosteniendo el vasito con una mano y la cucharita con la otra, absorto en el placer de la ingesta y en intentar que la sustancia -que va cambiando del estado sólido al líquido rápidamente- no se derrame sobre nuestras manos y/o indumentaria. Por lo cual podemos decir que este acto, en apariencia tan simple, requiere de una cuota de concentración nada despreciable y por qué no? de una habilidad específica.
Ahora bien, lo bueno de tomar un helado, a pesar de la concentración requerida, es que también puede ser una actividad social; podemos realizarla con un amigo, un pariente o una pareja y el mismo objeto es un generador natural de conversación: Qué tal está el tuyo? Querés probar el mío? Cuidado que se te está inclinando!! No te comés el vasito?
Nótese entonces que, además, tomar un helado puede constituir un intercambio físico y concreto (de fluídos residuales) entre dos personas que apenas se conocen o que empiezan a conocerse, abriendo paso a un acercamiento inocente que quién sabe en qué puede terminarrrr....
Y así transcurre el tiempo... pacíficamente... entre lamida y lamida... sin conversaciones profundas ni conflictivas (cuando lo hacemos en compañía) y sin atormentarnos con un sinfín de pensamientos (cuando lo hacemos en soledad) Yo? frutos del bosque y chocolate rocher.
viernes, 26 de febrero de 2010
Subte 1
Por ejemplo, quien viaja frente a mí tiene un enorme reloj espejado reeee moderrrrno (bah moderno...cuadrado....como de nave nodriza) y egoísta, sí señor, egoísta porque si uno intenta pispear la hora ilusionado con el tamaño de la máquina se encontrará con el reflejo del techo del vagón o lo que puede ser mucho peor: con uno mismo todo gris y con facciones deformadas
bueno, sigo... en la otra muñeca lleva una sucesión casi infinita de pulseras de macramé que, ahora que terminó de mandar smsss o navegar por el ciber espacio con su blackberry flip, se acomoda a lo largo del antebrazo
del segundo botón de la camisa decidió colgar un par de anteojos de sol espejados tipo Baker y Poncharello (los policías de Chips)....eeeeeehhhhhhh qué conjuntito más raro con los pantalones de gabardina azul pinzados y la camisa clásica a rayas! esto entrará dentro de lo que llaman estilo ecléctico??? hummmm..... ah! no! el muchacho combina los lentes de sol con el reloj: T-O-D-O-E-S-P-E-J-O....
y las pulseras???? puede tener una novia artesana, amarla profundamente...o...
Ay qué feo criticar a la gente, QUÉ FEO, y más estas nimiedades como la vestimenta -accesorios y costas- pero qué mejor para matar el tiempo y el ahogo del subte que observar a los co-pasajeros? más con esta situación de asientos enfrentados que nos dan una impunidad hermosa para mirarrrr.... y la variedad es riquísima, aunque hay mayoría de gente aburrida, con cara de aburrida y ropa de aburrida (como el muchacho que viaja a mi lado, que quién sabe en qué piensa o si ha estado intentando pispear estos devaneos mentales subterráneos en el mismo momento de su irrupción en mi cuaderno)
bueh me bajo, agente bancaria encubierta, jaja! bye
bueno, sigo... en la otra muñeca lleva una sucesión casi infinita de pulseras de macramé que, ahora que terminó de mandar smsss o navegar por el ciber espacio con su blackberry flip, se acomoda a lo largo del antebrazo
del segundo botón de la camisa decidió colgar un par de anteojos de sol espejados tipo Baker y Poncharello (los policías de Chips)....eeeeeehhhhhhh qué conjuntito más raro con los pantalones de gabardina azul pinzados y la camisa clásica a rayas! esto entrará dentro de lo que llaman estilo ecléctico??? hummmm..... ah! no! el muchacho combina los lentes de sol con el reloj: T-O-D-O-E-S-P-E-J-O....
y las pulseras???? puede tener una novia artesana, amarla profundamente...o...
Ay qué feo criticar a la gente, QUÉ FEO, y más estas nimiedades como la vestimenta -accesorios y costas- pero qué mejor para matar el tiempo y el ahogo del subte que observar a los co-pasajeros? más con esta situación de asientos enfrentados que nos dan una impunidad hermosa para mirarrrr.... y la variedad es riquísima, aunque hay mayoría de gente aburrida, con cara de aburrida y ropa de aburrida (como el muchacho que viaja a mi lado, que quién sabe en qué piensa o si ha estado intentando pispear estos devaneos mentales subterráneos en el mismo momento de su irrupción en mi cuaderno)
bueh me bajo, agente bancaria encubierta, jaja! bye
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